jueves, 19 de abril de 2018

A Dios no le falta nada

C.S. Lewis 
(Belfast, Irlanda del Norte, 1898-Oxford, Inglaterra, 1963)



"Me rendí, y admití que Dios era Dios, y me arrodillé y recé."
**
La cristiandad
(fragmento)

"Ahora bien, a menos que el que hable sea Dios, esto resulta tan absurdo que raya en lo cómico. Todos podemos comprender el que un hombre perdone ofensas que le han sido infligidas. Tú me pisas y yo te perdono, tú me robas el dinero y yo te perdono. Pero ¿qué hemos de pensar de un hombre, a quien nadie ha pisado, a quien nadie ha robado nada, que anuncia que él te perdona por haber pisado a otro hombre o haberle robado a otro hombre su dinero? Necia fatuidad es la descripción más benévola que podríamos hacer de su conducta. Y sin embargo esto es lo que hizo Jesús."
Mero Cristianismo.  Harper Collins Arcadia.
**
Las crónicas de Narnia 
(El león, la bruja y el armario)
Fragmento

–¡Lógica! –dijo el Profesor como para sí—. ¿Por qué hoy no se enseña lógica en los colegios? Hay sólo tres posibilidades: su hermana miente, está loca o dice la verdad. Ustedes saben que ella no miente y es obvio que no está loca. Por el momento, y a no ser que se presente otra evidencia, tenemos que asumir que ella dice la verdad.
Susana lo miró sostenidamente y por su expresión pudo deducir que, en realidad, no se estaba riendo de ellos.
—Pero, ¿cómo puede ser cierto, señor? —dijo Pedro.
—¿Por qué dice eso?
—Bueno, por una cosa en primer lugar —contestó Pedro—. Si esa historia fuera real, ¿por qué no encontramos ese país cada vez que abrimos el ropero? No había nada allí cuando fuimos todos a ver.
Incluso Lucía reconoció que no había nada.
—¿Qué tiene que ver eso con todo esto? —preguntó el Profesor.
—Bueno, señor, si las cosas son reales, deberían estar allí todo el tiempo.
—¿Están? —dijo el Profesor. Pedro no supo qué contestar.
—Pero ni siquiera hubo tiempo —interrumpió Susana—. Lucía no tuvo tiempo de haber ido a ninguna parte, aunque ese lugar existiera. Vino corriendo tras de nosotros en el mismo instante en que salíamos de la habitación. Fue menos de un minuto y ella pretende haber estado afuera durante horas. 
–Profesor—. Si en esta casa hay realmente una puerta que conduce hacia otros mundos (y les advierto que es una casa muy extraña y que incluso yo sé muy poco sobre ella); si, como les digo, ella se introdujo en otro mundo, no me sorprendería en absoluto que éste tuviera su tiempo propio. Así, no
tendría importancia cuánto tiempo permaneciera uno allá, pues no tomaría nada de nuestro tiempo.
Por otro lado, no creo que muchas niñas de su edad puedan inventar una idea como ésta por sí solas.
Si ella hubiera imaginado toda esa historia, se habría escondido durante un tiempo razonable antes de aparecer y contar su aventura.
—¿Realmente usted piensa que puede haber otros mundos como ése en cualquier parte, así, a la vuelta de la esquina? —preguntó Pedro.
—No imagino nada que pueda ser más probable —dijo el Profesor. Se sacó los anteojos y comenzó a limpiarlos mientras murmuraba para sí—: Me pregunto, ¿qué es lo que enseñan en estos colegios?

The Lion, the Witch and the Wardrobe.
© 1950 by C. S. Lewis Pte Ltd.
© 2000 por Editorial Andrés Bello.
Traducción de Margarita Valdés E.
Edición Digital de Arácnido.
**
Los cuatro amores 
(Fragmento)

"Dios es amor, dice San Juan. Cuando por primera vez intenté escribir este libro, pensé que esta máxima me llevaría por un camino ancho y fácil a través de todo el tema. Pensé que podría decir que los amores humanos merecen el nombre de amor en tanto que se parecen a ese Amor que es Dios. Así que la primera distinción que hice fue entre lo que yo llamé amor-dádiva y amor-necesidad. El ejemplo típico del amor-dádiva es el amor que mueve a un hombre a trabajar, a hacer planes y ahorrar para el mañana pensando en el bienestar de su familia, aunque muera sin verlo ni participe de ese bienestar. 
Ejemplo de amor-necesidad es el que lanza a un niño solo y asustado a los brazos de su madre. No tenía duda sobre cuál era más parecido al Amor en sí mismo. El Amor divino es Amor-Dádiva. El Padre da al Hijo todo lo que es y tiene. El Hijo se da a sí mismo de nuevo al Padre; y se da a sí mismo al mundo, y por el mundo al Padre; y así también devuelve el mundo, en sí mismo, al Padre. Por otra parte, ¿qué hay de menos semejante a lo que creemos que es la vida de Dios que el amor-necesidad?
A Dios no le falta nada, en cambio nuestro amor-necesidad, como dice Platón, es "hijo de la Necesidad"; es el exacto reflejo de nuestra naturaleza actual: nacemos necesitados; en cuanto somos capaces de darnos cuenta, descubrimos la soledad; necesitamos de los demás física, afectiva e intelectualmente; les necesitamos para cualquier cosa que queramos conocer, incluso a nosotros mismos. Esperaba escribir algunos sencillos panegíricos sobre la primera clase de amor y algunas críticas en contra del segundo. Y mucho de lo que iba a decir todavía me parece que es verdad; aún pienso que si todo lo que queremos decir con nuestro amor es deseo de ser amados, es que estamos en una situación muy lamentable. Pero lo que no diría ahora (con mi maestro MacDonald) es que si significamos el amor solamente con ese deseo estamos, por eso, llamando amor a algo que no lo es en absoluto. No, ahora no puedo negar el nombre de "amor" al amor-necesidad. Cada vez que he intentando pensar en este asunto de otro modo, he terminado haciéndome un lío y contradiciéndome. La realidad es mucho más complicada de lo que yo suponía."
**
El problema del dolor

El Hijo de Dios sufrió hasta morir, no para que los hombres
no sufrieran, sino para que sus sufrimientos pudieran ser
como los Suyos
GEORGE MACDONALD
Unspoken Sermons

Prefacio
Cuando el señor Ashley Sampson me sugirió que escribiera este libro, pedí que se me permitiera hacerlo en forma anónima; pues, si decía lo que realmente pensaba acerca del dolor, me vería obligado a hacer afirmaciones que suponen tal fortaleza, que resultarían ridículas si se supiera de quién provenían. Mi petición fue rechazada porque el anonimato sería incongruente con esta serie de libros. Sin embargo, el señor Sampson me señaló que podía escribir un prólogo explicando que, en la práctica, yo no era capaz de vivir de acuerdo a mis principios; y así, ahora me encuentro abocado a esta empresa fascinante. Debo
confesar de inmediato, usando las palabras de Walter Hilton, que a lo largo de estas páginas "estoy tan lejos de sentir realmente lo que digo, que no me queda más que ansiarlo fervientemente y clamar por misericordia"1. Sin embargo, y precisamente por eso, hay algo que no se me puede reprochar; nadie puede decir, "¡Se burla de las llagas el que nunca recibió una herida!"2, ya que jamás, ni por un instante, me he encontrado en un estado de ánimo en que, el solo imaginarme un sufrimiento serio, me pareciera algo menos que intolerable. Si existe un hombre que esté a salvo del peligro de menospreciar a este adversario... ese hombre soy yo. Debo agregar, también, que la única finalidad de este libro es resolver el problema intelectual que surge ante el sufrimiento. Jamás he caído en la insensatez de considerarme calificado para la tarea superior de educar en fortaleza y paciencia, ni tengo nada que ofrecer a mis lectores, aparte del convencimiento de que —al vernos enfrentados al dolor— un poco de valentía ayuda más que mucho conocimiento; un poco de comprensión, más que mucha valentía, y el más leve indicio del amor de Dios, más que todo lo demás.
Si un teólogo lee estas páginas, se dará cuenta con facilidad que son obra de un laico y de un aficionado. A excepción de los dos últimos capítulos, en que hay partes claramente especulativas, he creído repetir doctrinas antiguas y ortodoxas. Si alguna parte del libro es "original", entendiéndose por esto último algo nuevo o no ortodoxo, lo es contra mi voluntad y producto de mi ignorancia. Escribo, por supuesto, como laico de la Iglesia de Inglaterra; sin embargo, he intentado expresar sólo aquello que sea aceptado por todos los cristianos
bautizados y en comunión con su fe.
Como éste no es un trabajo erudito, no me he preocupado mayormente de remitir las ideas o citas a sus fuentes originales, de no ser éstas fácilmente recuperables. Cualquier teólogo podrá notar con facilidad qué y cuan poco he leído.

1 WALTER HILTON. Scala Perfectionis. 2 Nota trad. WILLIAM SHAKESPEARE. Romeo y Julieta, II, 2
**
Una pena observada

"Parte de todo dolor es, digámoslo así, la sombre del dolor o su reflejo: el hecho de que no sólo sufres, sino que debes seguir pensando acerca del hecho de que sufres"
"Resulta difícil ser paciente con las personas que dicen "no hay muerte" o "la muerte no importa".
"Hay muerte, y sea lo que sea, importa"
"Sólo un riesgo verdadero pone a prueba la realidad de una creencia"
"La realidad nunca se repite. Nunca se quita y se devuelve lo mismo"
"¿Por qué la separación que tanto duele al amante que queda atrás va a ser indolora para el amante que marcha? ¿Pero por qué están tan seguros de que con la muerte termina toda angustia?"
**
«(...) Los momentos en los que el alma no encierra más que un puro grito de auxilio deben ser precisamente aquellos en que Dios no puede socorrer. Igual que un hombre a punto de ahogarse al que nadie puede socorrer porque se aferra a quien lo intenta y le aprieta sin dejarle respiro. Es muy probable que nuestros propios gritos reiterados ensordezcan la voz que esperamos oír.»

C.S. Lewis, Una pena observada, Editorial Anagrama. Versión de Carmen Martín Gaite.

miércoles, 18 de abril de 2018

Y el pulso ajeno de la poesía

Diego Colomba

(San Nicolás, Buenos Aires, Argentina, 1972)


Blanco a la cal

¿Qué hacen un tuerto alcohólico y un estrábico con vértigo en la cornisa? Se preguntó Dios, o un vecino, esa mañana de verano. Antes de que pintaran el techo, con escobas viejas, bajo la luz cegadora del cielo.
***
Motivos

Los cardos sin flor, el yuyal y esta huella de tierra que se pierde como un hilo en la  palma de una mano dan ganas de seguir respirando este aire frío y seco. Porque es terrena mi buenaventura.
Tomado de dimafe.com
**
Representación

Olor dulzón a madreselvas. Pájaros que caen. Ladridos. Y el pulso ajeno de la poesía.
**
La humildad nunca es elegida

Ahora
que el sol
quema
en el porlan
me mandan
a la sombra
del galpón.

Qué nítidos
se ven
los demás
desde lo oscuro.

Cómo se mueven
de una lado
a otro.

Qué ganas
ciegas
de vivir.

De Blanco a la cal. https://www.scribd.com/.../Blanco-a-La-Cal-Libro-Colomba

martes, 17 de abril de 2018

noche y día y

MARÍA DEL CARMEN COLOMBO 

(Buenos Aires, Argentina, 1950)

bien colocada 
la moneda que falta
en la ranura del error 
y atiende el inter
locutor que dice: hola, soy 
el que soy, 
tiene Ud. un problema conmigo?

tengo un vano problema
con todo
en el cable de los años pasan 
enredada en mi cabeza
no puedo responder 

me quedé sin 
tono

cuánto me falta para
lo que me falta

una orquesta de almas
desafinadas voces
en mi oído absoluto 
noche y día y 

entre tantas Una 
alcanzo a distinguir su pregunta: 
cuál es 
tu gracia?

desde el otro lado
de la línea
le digo
por el tubo que no tengo

"arder
cuando llamas"

De La muda encarnación. Último Reino (1993).

lunes, 16 de abril de 2018

Camino sin agua y sin brújula

Viviana Paletta

(Buenos Aires, Argentina, 1967. Reside en Madrid desde 1991)

Librecambio

No se puede medir
esta extensión
con una lengua raquítica.
Hemos alcanzado el principio
de la igualdad
del dinero.
Demás está decir que llueve
y un párpado aterido
concede la licencia
para dispararle.
Es un cuerpo vano. Se enreda entre las hojas.
La tarde ni se asombra.
Cambio es dinero.
Quietud es dinero.
Al cuerpo no le atañe lo que es.
No presiente su parcelación,
el éxtasis de las mercancías.
Su don nadie en las guerras ajenas.
No va más allá de la fosa común
y su arpón sin rezo.
Sólo su cabeza vacila
entre la quietud y la escasez.
**
El ropavejero

Tengo mi capa de trapos.
Mi fusil sin hombro.
El poncho mezquino del cielo
envuelve la luz,
esconde
una esquirla de plata.

El miedo flamea
con su casaca rotosa,
con su paso descalzo.

Camino sin agua y sin brújula.
No veo la rígida constelación sur.
Voy derechito a la emboscada
o al paludismo.

Oigo descargas lejanas, inconexas.
Es la interrumpida noticia que da el silencio.

Siento pozos de frío
en mi cuerpo.

De Las naciones hechizadas. Colección Once de la editorial Amargord, 2018.

viernes, 13 de abril de 2018

Me gustaría que mi vida, y mi muerte, fueran tan sencillas

Raymond Carver
(Clatskanie, EE.UU., 1938 - Port Angels, id., 1988)



EL CABALLETE
He perdido el tiempo esta mañana,
y estoy profundamente avergonzado.
Ayer noche me acosté pensando en mi padre.
En el riachuelo donde pescábamos -Butte Creek-
cerca del lago Almanor. El agua me arrullaba en sueños.
En el sueño, estaba por todas partes
y yo no podía levantarme ni moverme.
Pero cuando desperté esta mañana temprano
fui al teléfono. Aunque 
el río fluía allá abajo en el valle,
en la pradera corriendo entre los tréboles.
Pinos se alzaban a ambos lados de la pradera.
Y yo estaba allí.
Un niño sentado en un caballete de madera,
mirando hacia abajo.
Viendo a mi padre beber agua con las manos.
Luego dijo: "El agua está tan buena.
Me gustaría poder llevarle a mi madre un poco de este agua".
Mi padre todavía la quería, aunque estaba muerta
y él había pasado mucho tiempo lejos de ella.
Tuvo que esperar algunos años más
hasta que pudo ir adonde estaba. Pero él quería
a esta región donde se encontró a sí mismo. El Oeste.
Durante treinta años la tuvo en el corazón,
y luego la dejó ir. Se acostó una noche
en un pueblo del norte de California
y no despertó. ¿Hay algo más sencillo?
Me gustaría que mi vida, y mi muerte, fueran tan sencillas.
De modo que cuando despierte 
una hermosa mañana como ésta,
después de estar en algún sitio
donde quería estar toda la noche,
algún sitio importante, pudiera moverme del modo más natural
y sin pensar en ello, hasta mi mesa de trabajo.
Digamos que lo hice, del modo sencillo que he descrito.
De la cama a la mesa de trabajo de la infancia.
Desde aquí no hay mucho hasta el caballete.
Y desde el caballete podría mirar hacia abajo
y ver a mi padre cuando necesitara verlo.
Mi padre bebiendo agua fresca. Mi dulce padre.
El río, sus praderas, y pinos, y el caballete.
Ese. Donde una vez estuve.
Me gustaría hacer eso
sin tener que disculparme ante mí mismo por ello.
Ni sentirme mal por interesarme por cosas menos importantes.
Sé que es hora de cambiar de vida.
Esta vida -con sus complicaciones 
y llamadas telefónicas- es indecente.
y una pérdida de tiempo.
Quiero hundir mis manos en agua fresca. Del modo
en que lo hizo él. Otra vez y otra vez y otra.
.
.
De Bajo una luz marina. Introducción y traducción de Mariano Antolín Rato. Visor Libros

jueves, 12 de abril de 2018

Importaba seguir el juego

Raquel Cané

(Santa Fe, Argentina, 1974)

Piedra

Cuando el dolor era épico
hacías un torniquete en el tajo que deja una caña
amurallabas la sangre
importaba seguir el juego
construir la choza 
y atacar al enemigo que era ese otro
el que venía del barrio vecino.
Las municiones eran visibles
bolillas de paraíso que recogíamos juntos.
Cuando el dolor era épico
mostrabas las cicatrices con orgullo.

Imagen: tomada de su fb.

miércoles, 11 de abril de 2018

Un Partenón no es más que una pequeña cantera de mármol

PAUL VALÉRY 

(Francia, 1871-1945)

La forma es para Valéry el objeto donde se ordena la libertad caótica de aquello informe, de acuerdo con la necesidad que fija la inteligencia del creador. Como dice Adorno de nuestro protagonista:
Se alimenta del infatigable impulso a objetivar y, en palabras de Cézanne, realizar, que no tolera nada oscuro, no aclarado, irresuelto, para el que la transparencia hacia afuera se convierte en medida del éxito en el interior. 
(Adorno, Th.; Notas sobre literatura, Obra Completa, traducción de Alfredo Brotons).


Degas en ocasiones hacía versos y ha dejado algunos deliciosos. Pero con frecuencia encontraba grandes dificultades en ese trabajo accesorio de su pintura. (Por otra parte él era un hombre para introducir en cualquier arte toda la dificultad posible). Dijo un día a Mallarmé: «Su oficio es infernal. No consigo hacer lo que quiero y sin embargo estoy lleno de ideas…». Y Mallarmé le respondió: «No es con las ideas, mi querido Degas, con lo que se hacen los versos. Es con las palabras».
Stephan Mallarmé
*

 "En todo asunto, y antes de cualquier examen sobre el fondo, considero el lenguaje; acostumbro a proceder como los cirujanos que, ante todo, lavan sus manos y preparan su campo operatorio. Es lo que llamo limpieza de la situación verbal. Perdónenme esta expresión que asimila las palabras y las formas del discurso a las manos y a los instrumentos de un operador." (Poésie et pensée abstraite)
*

La ejecución del poema es el poema. Fuera de ella, esas sucesiones de palabras curiosamente reunidas son fabricaciones inexplicables.
*

 Esos momentos de un valor infinito, esos instantes que dan una especie de dignidad universal a las relaciones y a las intuiciones que engendran, son no menos fecundos en valores ilusorios o incomunicables. Lo que vale sólo para nosotros no vale nada. Es la ley de la Literatura. Esos estados sublimes son en realidad ausencias en las que se encuentran maravillas naturales que solamente se hallan allí, pero tales maravillas son siempre impuras, quiero decir mezcladas con cosas viles o vanas, insignificantes o incapaces de resistir la luz exterior, o si no imposibles de retener, de conservar. En el resplandor de la exaltación no es oro todo lo que reluce.

 *

Es un hecho fácil de observar que todos los movimientos automáticos que corresponden a un estado del ser, y no a un fin figurado y localizado, requieren un régimen periódico; el hombre que anda requiere un régimen de esta clase; el distraído que balancea un pie o que tamborilea sobre los cristales; el hombre en profunda reflexión que se acaricia el mentón, etc.



Otros daban a todos los objetos significaciones infinitas que suponían una metafísica oculta. Se valían de un delicioso material ambiguo [...] Cada cosa era alusión, nada se limitaba a ser.
*

Se me ha culpado, por ejemplo, de haber dado del mismo poema varios textos, y aun contradictorios. Este reproche me es poco inteligible, como puede esperarse después de lo que acabo de exponer. Al contrario, estaría tentado, si siguiera mi sentimiento, a comprometer a los poetas a producir (como lo hacen los músicos) una diversidad de variantes o de soluciones del mismo tema. Nada me parecería más conforme a la idea que me complace de un poeta y de la poesía.


No encuentro materia intelectual que no se haya visto a lo largo de los tiempos forzado al ritmo y sometido por el arte a extrañas, a divinas exigencias.
*

Las obras del espíritu, poemas u otras, se refieren únicamente a aquello que dio origen a lo que les dio origen, y absolutamente a nada más.
*

Nuestra época se siente a la vez más precisa y más superficial que ninguna otra: más precisa a su pesar, más superficial por sí sola.
*

Todo lo que he dicho hasta aquí se encierra en estas pocas palabras: la obra del espíritu sólo existe en acto. Fuera de este acto, lo que permanece no es más que un objeto que no ofrece ninguna relación particular con el espíritu. Transporte la estatua que se admira a un pueblo suficientemente diferente del nuestro: sólo quedará una piedra insignificante. Un Partenón no es más que una pequeña cantera de mármol. Y cuando un texto de poeta se utiliza como recopilación de dificultades gramaticales o ejemplos, deja inmediatamente de ser una obra del espíritu, puesto que el uso que se hace es enteramente ajeno a las condiciones de su generación, y por otra parte se le rehúsa el valor de consumación que da un valor a esta obra.
*

Un poema sobre el papel es solamente una escritura sometida a todo aquello que se puede hacer de una escritura. Pero entre todas sus posibilidades hay una, y solamente una, que coloca por fin el texto en las condiciones en las que adquirirá fuerza y forma de acción. Un poema es un discurso que exige y que causa una relación continua entre la voz que es y la voz que viene y que debe venir. Y esta voz debe ser tal que se imponga, que excite el estado afectivo en el que el texto sea la única expresión verbal. Quiten la voz, y la voz precisa, todo se hace arbitrario. El poema se convierte en una sucesión de signos que sólo tienen relación por estar materialmente indicados unos después de otros.
*

Hay que pagar a un precio desconocido el placer de no utilizar lo conocido.
*

En Teoría estética y poética. Paul Valéry. Editorial Visor, Barcelona, 1999. Traducción de 
Carmen Santos.

martes, 10 de abril de 2018

Era un lunes sin carácter, cobarde

ADAM ZAGAJEWSKI

(Lvov, hoy Ucrania, 1945)

Senza Flash

Senza flash!  «Sin flash!»
(exclamación que se oye a menudo en las galerías italianas)

Sin llama, sin noches de insomnio, sin ardor,
sin lágrimas, sin grandes pasiones, sin convencimiento.
Viviremos así: senza flash.

Queda y pausadamente, dócilmente, entre sueños,
las manos manchadas con la tinta negra de los diarios,
las caras grasientas de crema: senza flash.

Turistas sonrientes, camisas impecables,
Herr Lange y Miss Fee, Monsieur et Madame Rien
entrarán en el museo: senza flash.

Se detendrán ante el cuadro de Piero della Francesca, donde
Cristo, casi enajenado, surge de la tumba,
resucitado, libre: senza flash.

Quizás ocurra entonces algún hecho imprevisto:
se agite el corazón bajo el tejido suave,
se haga el silencio, destelle el flash.

Versión de Elzbieta Bortkiewicz
**
En ningún lugar

Fue un día
en ningún lugar
al volver del entierro de mi
padre,
un día entre continentes, iba perdido por las calles
de Hyde Park escuchando retazos de voces americanas,
no pertenecía a ningún lugar, era libre,
pero si eso era la libertad, pensé, preferiría
ser cautivo de un buen rey, de un cálido emperador;
las hojas fluían a contracorriente del rojizo otoño,
el viento bostezaba como un perro cazador,
la cajera en el colmado, en ningún lugar
(le intrigaba mi acento), me preguntó de dónde era,
pero lo había olvidado, tenía ganas de hablarle
de la muerte de padre, pero pensé: ya soy
demasiado viejo para ser huérfano; vivía
en Hyde Park, en ningún lugar,
where fun comes to die,
como decían no sin envidia los estudiantes de otras
universidades,
era un lunes sin carácter, cobarde,
sin forma, un día sin inspiración, en ningún lugar, ni
siquiera el penar
había adoptado una forma radical, tenía la sensación
de que el mismo Chopin en un día como ése se limitaría,
en el mejor de los casos, a dar clases
a estudiantes aristocráticas, acaudaladas;
de repente me acordé de lo que había escrito de él
gottfried Benn, dermatólogo berlinés,
en uno de mis poemas preferidos:
"Cuando delacroix anunció su teoría,
él se quedó preocupado porque no podía
justificar sus nocturnos",
estos versos, irónicos y tiernos a la vez,
siempre me colmaron de una felicidad
casi tan grande como la música de Chopin.
Una cosa sí sabía: tampoco hace falta justificar
la noche, ni el dolor, en ningún lugar.

De Asimetría. Adam Zagajewski. Traducción de Xavier Farré. Acantilado.

Para leer más del autor, aquí

lunes, 9 de abril de 2018

La cambiante superficie distorsionada

Johann Wolfgang von Goethe
(Alemania, 1749-1832)

Daimon
(Fragmento)

Al igual que ocurrió en el día
que fuiste lanzado al mundo el sol
estaba en lo alto como si se saludara
a los planetas. Desde entonces
has ido desarrollándote cada vez más firme, 
según una luz íntima que va en ti y que a ti atañe.
Tienes que ser tú.
***
El espejo de la Musa

Cierto día, temprano, cuando el empeño se adornó con impaciencia,
La Musa siguió la corriente del río,
Hasta un rincón apartado y tranquilo.
Rápida y sonora fluía
La cambiante superficie distorsionada,
Hacia sus figura encantadora que huía,
Entonces la Diosa abandonó la ira.
Sin embargo, el arroyo la llamó burlándose::
¿No verás entonces la verdad en mi claro espejo?
Pero ella corría lejos, cerca del océano;
En su figura el regocijo alababa,
Adornando debidamente su guirnalda.
**
ELEGÍAS
A vosotros debemos el saber
que hemos sido felices una vez.

¡Decid, piedras; hablad vosotros, altos palacios!
¡Una palabra, oh vías! Genio, ¿no te conmueves?
Sí, un alma tiene todo dentro tus sacros muros,
¡oh Roma eterna! Solo que aun para mí está muda.
¡Oh, quién podría decirme en qué ventana antaño
vi la pura beldad cuyo fuego es un bálsamo!
¡Ay, qué torpe mi alma no adivina aún la senda,
vagando por la cual tiempo perdí precioso!
Templos, palacios, ruinas y columnas hoy miro
cual hombre que al viajar sacar provecho sabe.
Mas pronto su tarea termina y solo queda
un templo, el del amor, que a iniciados acoge.
¡Un mundo, en verdad, eres, Roma! Mas sin Amor,
¡ni el mundo sería mundo ni Roma fueras tú!
**

Cuando dícesme, amada, que nunca te miraron
con grado los hombres, ni hizo caso la madre
de ti, hasta que en silencio una mujer te hiciste,
lo dudo y me complace imaginarte rara,
que asimismo a la vid faltan color y forma,
cuando ya la frambuesa a dioses y hombres seduce.
**

Muchos ruidos me enojan; pero el ladrar de un perro
es el que yo más odio, pues me desgarra el tímpano.
Pero hay uno al que oigo ladrar con gran fruición,
y es el de mi vecino, pues una vez ladróle
a mi amada, y por poco nos descubre el indino.
Ahora cuando ladrar lo oigo, pienso: “¡Ella viene!”
O con nostalgia evoco aquella vez que vino.

Versiones sin datos

viernes, 6 de abril de 2018

Se inclinan, tímidos, igual que cisnes mojados. Se aman.

James Wright  

(Ohio, EE.UU., 1927-Nueva York, EE.UU., 1980)

Una bendición

Justo a un costado de la carretera a Rochester, Minnesota,
el crepúsculo avanza con suavidad sobre la hierba.
Y los ojos de aquellos dos caballos
Se oscurecen bondadosos.
Han salido alegremente de entre los sauces
Para darnos la bienvenida a mi amigo y a mí.
Pasamos por encima de la alambrada de púas hacia el prado
Donde han estado pastando todo el día, solos.
Se estremecen, tensos, apenas si pueden contener la alegría
Que les produce el que hayamos venido.
Se inclinan, tímidos, igual que cisnes mojados. Se aman.
No existe soledad como la de ellos.
En casa de nuevo,
Mordisquean en la oscuridad los jóvenes matojos de la primavera.
Me gustaría tomar en mis brazos al más esbelto
Porque ha venido hasta mí
Y ha acariciado con su hocico mi mano izquierda.
Es blanco y negro,
la crin le cae salvaje sobre la frente
Y la suave brisa me empuja a acariciar su gran oreja
Que es delicada como la piel de la muñeca de una muchacha.
De pronto me doy cuenta
De que si saliese de mi cuerpo estallaría
En flor.

Versión de Jonio González 
***
Deprimido por un libro de mala poesía, echo a andar hacia un prado silvestre e invito a los insectos a reunirse conmigo

Aliviado, dejo caer el libro tras una roca.
Asciendo una ligera cuesta de hierba.
No quiero molestar a las hormigas
que recorren en fila india el poste del cercado,
portando pequeños pétalos blancos,
lanzando sombras tan precarias que puedo ver por ellas.
Cierro los ojos un instante y escucho.
Los viejos saltamontes
están cansados, saltan pesadamente,
tienen sobrecarga en los muslos.
Me gustaría oírlos, los sonidos que emiten son claros.
Se han ido a dormir.
Delicioso y lejano, entonces, un oscuro grillo les releva
en los castillos de arce.



Traducción de Jordi Doce
***
ACOSTADO EN UNA HAMACA EN LA FINCA DE WILLIAM DUFFY EN PINE ISLAND, MINNESOTA

Sobre mi cabeza, veo la mariposa de bronce
dormida sobre el negro tronco,
revoloteando como una hoja en la sombra verde.
Por el barranco, detrás de la casa vacía,
los cencerros de las vacas van uno tras otro
hacia las distancias de la tarde.
A mi derecha,
en un campo lleno de luz entre dos pinos,
lo que vertieron los caballos el año pasado
se enciende y se torna piedras doradas.
Yo me arrecuesto, mientras cae y se oscurece la tarde.
Un polluelo de halcón pasa volando, buscando casa.
He desperdiciado mi vida.
Traducción de G.A. Chaves

jueves, 5 de abril de 2018

¡Oh, elementos!

William Shakespeare
 (Stratford-upon-Avon, c.1564-ibíd., 1616) 


El rey Lear
(Fragmentos del III Acto)

CONDE DE KENT
¿Quién va con tan rudo tiempo?

NOBLE
Alguien tan destemplado como el tiempo.

CONDE DE KENT
Ya sé quien eres, ¿dónde está el Rey?

NOBLE
Contiende con la furia del temporal; clama a los vientos que barran la tierra hasta sepultarla en el mar, o que las olas encrespadas se alcen hasta anegar los continentes; que todo se trastorne o desaparezca todo. Mesa, hasta arrancarlas, sus canas, que impetuosas ráfagas arrebatan y dispersan con despiadada furia. Pretende, en su breve mundo humano, sobrepujar la violencia del combate entre el agua y el viento. Esta noche, en que los oseznos secarán las ubres de la madre al abrigo de su guarida, y el león y el lobo, hambrientos, mantendrán su piel bien enjuta, él, desbonetado, va errabundo clamando destrucción y muerte.

CONDE DE KENT
¿Quién lo acompaña?

NOBLE
El bufón solamente, que en vano procura divertirlo de las tristezas que laceran su corazón.

SEGUNDA ESCENA
Otro sitio en campo abierto
Entran el Rey Lear y el bufón.

REY LEAR
¡Soplen, vientos, hasta reventar los carrillos; soplen con rabia! ¡Cataratas y trombas, diluvien hasta sumergir los campanarios y anegar las veletas, y ustedes, relámpagos, pensamiento y obra en un destello, precursores de los rayos rajadores de encinas, abracen mi cabeza blanca, y ustedes, truenos retembladores, aplasten la redondez de la tierra, quiebren los moldes todos de la naturaleza y dispersen por siempre los gérmenes que dan vida a seres ingratos!

BUFÓN
¡Ay, tío; el agua bendita seca bajo techado es preferible a la de lluvia a campo abierto! Vuelve, buen tío, y pídeles perdón a tus hijas; mira que es una noche esta que no tiene compasión de los cuerdos ni de los locos.

REY LEAR
¡Retumbe tu repleto vientre, escupe fuego, arroja agua! Ni la lluvia, ni el viento, ni el trueno, ni el rayo son mis hijos; no los acusaré de ser crueles conmigo. ¡Oh, elementos! Ni les di mi reino, ni los llamé hijos, ni me deben obediencia. Satisfagan sobre mí su horrible goce. Aquí me tienen esclavo suyo, desamparado, indefenso, débil y escarnecido viejo ... Aunque bien pudiera acusarlos por ser instrumentos serviles, cómplices de dos hijas malvadas, para humillar aun más desde su altura la cabeza blanca de un anciano. ¡Oh, indignidad!

BUFÓN
El que tenga una casa donde meter la cabeza, tiene un buen yelmo. El que acuda a defender su bragueta primero que su cabeza, se verá comido de piojos; de esta guisa se casan muchos pobretes. El que al andar echa el corazón antes que el pie, padecerá de callos que le quitarán el sueño. Pues no hay mujer linda que no estudie mil mohines al espejo.

REY LEAR
No; quiero dar ejemplo de resignación; callaré a todo. (Entra el Conde de Kent).

CONDE DE KENT
¿Quién está aquí?

BUFÓN
Una corona y un braguero; o si quieres, un cuerdo y un loco.

CONDE DE KENT
¡Ah, señor! ¡Los más amantes de la noche no quieren noches como ésta! La ira del cielo aterroriza a los que viven de las sombras, obligándolos a refugiarse en sus guaridas. Desde que tengo uso de razón no hago memoria de tales relámpagos, tan horrísonos truenos, tal aullar del viento y de la lluvia, que ponen espanto y aflicción en el hombre más aguerrido.

REY LEAR
Es que los altos dioses, al pasar con tan espantable estruendo sobre nuestra cabeza, buscan a quien los ha ofendido. Tiembla tú, miserable, con tantos secretos delitos que no castigó la justicia; ocúltate, ensagrentada mano, y tú, perjuro, y tú, simulador de virtud, que eres incestuoso, y tú tiembla también, malvado, que, bajo capa y apariencia de honradez, fuiste instigador de asesinatos ... ¡Encubiertas maldades, rasguen la vestidura que te disfraza, no desoigan tan terribles conminaciones y apresúrense a implorar misericordia! Yo soy un hombre contra quien han pecado más de lo que él pecó.

CONDE DE KENT
¡Ay de mí, al viento tus canas! Mi amado señor: no muy lejos de aquí hay una choza que de algún amparo puede servirte contra la tormenta. Yo volveré en tanto a esa altiva casa, más dura que las piedras de sus cimientos, donde poco ha fui a buscarte y se negaron a darme entrada; pero ahora, por la fuerza ha de atenderme su desmedrada cortesía.

REY LEAR
Mi razón se pierde ... Vamos, niño mío. ¿Cómo estás tú, rapaz? ¿Tienes frío? Yo también; mucho frío. ¿Dónde está esa choza? ¡Qué buen arte hay en la necesidad para hacer de lo más despreciable algo precioso! Vamos a tu choza. ¡Pobre loco mío; aún queda un lugar en mi corazón para compadecerte!

BUFÓN
El que tiene un tejadillo para guarecerse, con el viento y la lluvia, la lluvia y el viento debe estar muy agradecido a su suerte; porque llover ... todos los días llueve.

REY LEAR
Es verdad, niño mío. Ven,llévame a esa choza. (Se van el Rey Lear y el Conde de Kent).

CUARTA ESCENA
Otra parte del campo abierto.
A un lado, una choza.
Entran el Rey Lear, el Conde de Kent y el bufón.

CONDE DE KENT
Aquí es; entra, amado señor. La crudeza de esta noche no puede soportarse a la intemperie.

REY LEAR
Déjenme solo.

CONDE DE KENT
No, mi amado señor; entra aquí.

REY LEAR
¿Vas a romperte, corazón mío?

CONDE DE KENT
Antes vea yo romperse el mío. Entra, señor.

REY LEAR
Tú juzgas insoportable mal esta tormenta que cala nuestros huesos. Así es para ti, sin duda; pero el que mayores males padece no siente un mal pequeño. Huyes de un oso feroz; mas si en tu huida te cierra el paso el mar embravecido, ya no te asustarán las fauces del oso. Cuando el espíritu está en calma, el cuerpo es más sensible. La tempestad de mi alma no deja padecer a mis sentidos otro dolor que el que aquí golpea. ¡La ingratitud de mis hijos! ¿No es como si mi boca despedazara a mordiscos mi propia mano por haberla alimentado? Pero tendrán su castigo. No; ya no lloro ... ¡En una noche así cerrarme sus puertas! ¡Arrecia, tempestad! ¡En una noche así! ¡Oh, Regania, oh, Gonerila! ¡Un padre anciano y bueno, de corazón tan generoso que les ha dado todo! Si sigo pensando en ello me volveré loco ... No quiero pensar más, no quiero ...

CONDE DE KENT
Amado señor: entra aquí.

REY LEAR
No; déjame ... Entra tú solo. Procura acomodarte. La tempestad me distrae de otros pensamientos que me atormentarían más crueles ... Pero entraré; sí ... Ven, niño mío. Entra tú primero. ¡Ay de la pobreza que ni una choza tiene! Vamos, entra. Rezaré y dormiré luego. Pobres que padecen desnudez y hambre, dondequiera que se hallen, expuestos a los rigores de noches tan despiadadas, mal cobijados, mal comidos, mal cubiertos de sus andrajos, con mil troneras y ventanas ... ¿Cómo pueden arrostrar los rigores de un tiempo semejante? ¡Qué poco me acordé de ustedes! ¡Provechosa medicina para el orgullo de los grandes! ¡Padezcamos como los pobres padecen, y no dudaremos en cederles de nuestras superfluidades, y resplandecerá sobre la tierra la justicia del cielo! (Entra Edgardo).

REY LEAR
¿Has dado a tus hijas cuanto tenías, y te ves de esta suerte?
(...)
REY LEAR
Mejor estarías en tu sepultura que aquí, sin más defensa que tu desnudez contra los rigores del cielo. ¿No es el hombre más de esto? Considérenlo bien: ni debe al gusano su seda, ni a la fiera su piel, ni su lana a la oveja, ni al gato de Algalia su perfume. Somos aquí tres que estamos adulterados. Tú eres la verdad de nuestro ser. Al natural, el hombre no es más que un pobre animal como tú, con la piel desnuda y zancudo. ¡Fuera, fuera postizos! ¡Desnúdenme!

BUFÓN
¡Detente, tío! No está la noche para nadar. Un poco de lumbre en medio del campo sería ahora como corazón de viejo crapuloso: allí unas chispas, y lo demás del cuerpo, frío. (Entra Glóster con una antorcha) Miren, un fuego fatuo.

CONDE DE GLÓSTER
(Al Rey) Ven conmigo. El amor que te tengo no consiente obediencia a las crueles órdenes de tus hijas. Aunque me hayan obligado a cerrarte mis puertas, entregándote a la crueldad de esta horrible noche, no he vacilado en salir a buscarte para conducirte a donde hallarás lumbre y comida.

REY LEAR
Déjame antes conversar con este filósofo. ¿Sabes tú cuál es la causa del trueno?

CONDE DE KENT
Amado señor: acepta su ofrecimiento. Ve con él.

REY LEAR
Quiero hablar dos palabras con este sabio tebano. ¿Cuáles han sido tus estudios?

EDGARDO
Huir del enemigo malo y matar piojos.

REY LEAR
Oye aquí. Quiero preguntarte algo en secreto.

CONDE DE KENT
Insiste, señor en llevarlo; empieza a desvariar.

CONDE DE GLÓSTER
(A Edgardo) Vuelve a tu choza, amigo; en ella puedes abrigarte.

REY LEAR
No; vengan todos.

CONDE DE KENT
Por aquí, señor ...

REY LEAR
Con él; no quiero separarme de mi filósofo.

SEXTA ESCENA
Habitación en una alquería, junto al castillo de Glóster.
Entran Glóster, el Rey Lear, el bufón y Edgardo.

CONDE DE GLÓSTER
Aquí se está mejor que a la intemperie. Acéptalo gustoso. Aun he de proporcionarte mayor comodidad en cuanto me sea posible. No tardaré en volver a tu lado.

CONDE DE KENT
Su razón no ha sido bastante fuerte para sobreponerse a su desesperación. Que los dioses te recompensen por tu lealtad. (Se va Glóster).

EDGARDO
Fratereto me llama y me dice que Nerón es ahora pescador de caña en el lago de las tinieblas. Recen los que sean inocentes y presérvense del espíritu maléfico.

BUFÓN
Escucha, tío; un loco. ¿Es villano o es noble?

REY LEAR
¡Es rey, es rey!

(...)

martes, 3 de abril de 2018

El vaso de whisky en la mesa, el libro abierto, las preguntas

 Mark Strand
(Summerside, Canada, 1934-Brooklyn, NYC, EE.UU., 2014) 

NUESTRA OBRA MAESTRA ES LA VIDA PRIVADA

I

¿Hay algo ahí abajo en el agua que nos elude,
Algún tímido acontecimiento, algún secreto de la luz que cae sobre lo hondo,
Alguna fuente de dolor que no desea que la descubran todavía?

¿Por qué debe importarnos? ¿No proyecta el deseo sus arcos iris sobre la tosca porcelana
De la piel del mundo y llena el aire con sus compases? ¿Para qué buscar más?

II

Y ahora, mientras los defensores del horror y de la tristeza
Empujan de un lado a otro de la playa la barca llena de agua, comamos
El rodaballo con este exquisito beaune blanco.

Cierto la luz es artificial y no vamos bien vestidos.
¿Y qué? Nos gusta esto. Nos gustan los bueyes en el campo de al lado,
Nos gusta el ruido del viento sobre la hierba. Tu forma de hablar,

En voz baja, las confesiones a medianoche… ¿para qué vivir
Por otra cosa? Nuestra obra maestra es la vida privada.

III

De pie en el muelle, entre El Cisne Errante y la Estrella Inmaculada,
Respirando el aire de la noche mientras el momento del goce que viene
De los goces fugitivos parece crecer la belleza

Que se mancha a sí misma, que sólo puede ser lo que fue, que se sostiene a sí misma
Un poco más en su marcha, pienso en nuestro cómodo paso
Entre las divisiones graduales, las crisis que se desangran

En lo ordinario, dejándonos cada vez un poco más cansados,
Un poco más lejos de las experiencias, que, en los días de antaño,
Nos cautivaban durante horas. El paseo por la carretera llena de curvas

De regreso a casa, el mar golpeando en los acantilados,
El vaso de whisky en la mesa, el libro abierto, las preguntas,
Todas las recompensas del día esperando a las puertas del sueño.

De Tormenta de uno.  Traducción de Dámaso López García. Visor. Madrid, 2009.
**
OUR MASTERPIECE IS PRIVATE LIFE

I

Is there something down by the water keeping
itself from us,
Some shy event, some secret of the light that falls,
upon the deep,
Some source of sorrow that does not wish to be
discovered yet?

Why should we care? Doesn't desire cast its rain-
bows over the coarse porcelain
Of the world's skin and with its measures fill the
air? Why look for more?

II

And now, while the advocates of awfulness and
sorrow
Push their dripping barge up and down the
beach, let's eat
Our brill, and sip this beautiful white Beaune.

True, the light is artificial, and we are not well
dressed.
So what. We like it here. We like the bullocks in
the field next door,
We like the sound of wind passing over grass.
The way you speak,

In that low voice, our late night disclosures...
why live
For anything else? Our masterpiece is the private
life.

III

Standing on the quay between the Rowing Swan
and the Star Inmaculate,
Breathing the night air as the moment of pleas-
sure taken
In pleasure vanishing seems to grow, its self-
soiling

Beauty, which can only be what it was, sustain-
ing itself
A little longer in its going, I think of our own 
smooth passage
Through graded partitions, the crisis that bleed

Into the ordinary, leaving us a little more tired
each time,
A little more distant from the experiences, 
which, in the old days,
Held us captive for ours. The drive along the
winding road

Back to the house, the sea pounding against the
cliffs,
The glass of whiskey on the table, the open book,
the questions,
All the day's rewards waiting at the doors of
sleep...
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char